Para quienes seguimos de cerca el impacto de la innovación en diferentes industrias, los últimos diez años están siendo una bisagra difícil de olvidar. Sectores como el transporte, el turismo y la hotelería, el retail o el entretenimiento, han sobrevivido durante décadas a depresiones económicas y desafíos mayúsculos pero en la actualidad han quedado expuestos a un consumidor empoderado, con mayores recursos y cada vez más exigente respecto de lo que significa VALOR en la oferta.
Uber, AirBnb, Amazon o Spotify son solo algunos de los grandes actores que reflejan cómo han transformado sus industrias de manera disruptiva y, vale mencionarlo, no siempre sin polémica.
Estos fenómenos no resultan éxitos unidireccionales; o, mejor dicho, no se trata de un mérito exclusivo de estos oferentes sino también de un comprador con muchos cambios en su estilo de vida, su manera de procesar decisiones de compra y gestionar sus expectativas. Estamos frente generaciones (millenials y centennials) protagonistas, que ponderan el valor de la colaboración de manera más contundente que las generaciones anteriores. Es a partir de aquí que los proyectos de economía colaborativa tienen una proyección exponencial.
En este marco, el sector logístico está frente a su próxima oportunidad (o amenaza). Se trata de Freightos; una startup israelí que nace de la mano del ecosistema Made in Jerusalem y que opera de manera absolutamente on line en toda la trazabilidad de sus procesos: cotizaciones en tiempo real, identificación de las mejores rutas para las necesidades de cada cliente y la selección de los mejores proveedores para cada envío. El sistema permite también observar la reputación de cada proveedor conforme los estándares de servicio clásicos: demoras, servicio posventa, reclamos, precios.
La empresa, próxima a convertirse en unicornio, brinda transparencia a una industria que presenta una burocracia vetusta tanto en los procesos de compra como los de venta. Actualmente se encuentra en proceso de expansión a través de la adquisición de pequeños competidores en diferentes países; este proceso comenzó en 2016 con la compra de WebCargoNet, emprendimiento catalán fundado por Manel Galindo y Enric Alventosa.
Estos tiempos de IOT, big data e inteligencia artificial podrían ser los que caractericen una cuarta ola (Alvin Toffler) donde se resignifica el concepto de planificación estratégica. Debemos realizar un zoom out, tomar distancia, para una observación más clara. Ya no se trata sólo de identificar quién es mi cliente, cuál es mi negocio y qué necesidades de mercado pretendo satisfacer, sino comprender -aún cuando se transite un espacio especulativo- cómo impactará la tecnología a mi sector y de qué manera se podría generar mayor valor en lo que hago. Tal como he postulado en artículos anteriores, el macroambiente tecnológico es el que marca la agenda de cambios en el resto de los ambientes estratégicos y, bajo esta mirada, la innovación resulta una gimnasia obligada que comienza con abrir la organización hacia las inquietudes, la curiosidad y, más operativamente, al espacio de las preguntas.
Sin ir más lejos, le comparto algunas de mis inquietudes: ¿será mi próximo contador una aplicación móvil?, ¿podré descargar una app que opere mi estrategia de Marketing Digital?, ¿tendré métricas en tiempo real sobre mis compradores a través de big data, de manera que una solución gestione de manera automática mi política de precios, comunicación, canales y servicio para mis compradores?, ¿la educación vendrá en formato de fee mensual como Netflix en mi Smart TV?, ¿mis vendedores serán un software, con servicio 24/7, y con tecnología Google Duplex?.
Tiempos apasionantes para los inquietos. Y revolucionarios.
